lunes, 30 de octubre de 2023

Ese verano...

Todos tenemos un verano que nos cambia la vida, y yo, ya llevo unos cuantos. 

Creo que este, sin duda ha sido el más especial, el que más me ha marcado, no se, quizás porque había demasiadas señales que me lo estaban advirtiendo durante días, incluso semanas, y que yo, de manera deliberada había pasado por alto.

Algo me decía, desde un principio, que iba a salir lastimada, a pesar de todo quise seguir adelante, sin importarme nada, ni mis miedos, ni mis dudas, la emoción, las ganas de verle, de estar con el, de disfrutar con su compañía, de su risa, de sus ojos y sus besos, aunque solamente fueran 48 horas, el resto fueron horas eternas de viajes y horas de tener que compartirlo, y odio compartir...

Los días anteriores, fueron una auténtica montaña rusa de emociones, miedos, dudas, muchas dudas, revisar billetes, horarios, pero algo me decía que, si me echaba atrás, iba a arrepentirme el resto de mi vida al mismo tiempo que algo mucho más fuerte me avisaba que no tenía que hacer ese viaje. La señal o lo que realmente me hizo pensar demasiado en si debía o no subirme a ese autobús y bajar a la tierra de mi persona favorita, a conocer parte de su vida, la parte más íntima de su vida, fue la confabulación y alineación de todos los planetas que por los pelos, casi me hacen perder ese autobús de las 09:00 destino Málaga.

Un viaje intenso, lleno de momentos que nunca jamás voy a poder olvidar. Un reencuentro diferente, pero no menos especial y no con menos ganas de besarle y abrazarle después de algunos días sin vernos, que parecieron semanas. Un reencuentro con ÉL con quien puedo ser yo, con quien se me iluminan los ojos cada vez que lo miro (aún recuerdo su frase "Se te iluminan los ojos cada vez que me miras") cada vez que hablo de él, con quien no puedo ocultar lo que siento ni lo que me hace sentir, con quien las horas pasan como si fuesen segundos y siempre quiero más, me quedo con ganas de más. Un reencuentro, en el que perfectamente y sino hubiesen estado esperándonos, en aquella calle cuando me cogió en brazos, le hubiese llevado a ese rincón que tenía "fichado" y le hubiese hecho el amor, de la manera en la que solo nosotros sabemos hacerlo, saciando mi sed, hablando nuestro idioma, quitándome las ganas acumuladas de tantos día sin poder disfrutar su cuerpo, oír sus gemidos, sentir sus ganas y después, leer sus marcas...

Un encuentro en el que mis alarmas saltaron, pero no quise hacer caso, no quise estropear lo que llevaba días esperando, imaginando, planeando, a pesar de ello, en ocasiones no me sentí cómoda, solo cuando nos escapábamos de vez en cuando, unos minutos y aprovechábamos para besarnos a escondidas.

Los dos días posteriores, a pesar de sentir algo raro, creo que han sido de las mejores 48 horas que he pasado en mi vida, exprimimos los segundos, los minutos, las horas al máximo. 

Risas, confidencias, paseos con su pequeña guerrera, paseos los dos solos explicándome cosas de su infancia y de su juventud, abriéndose y dejándome conocer un poco más de él, de su vida, me faltó un lugar, una foto, solamente ahora, semanas después, entiendo el porque.

Bailes y más risas, paseos eternos después de habernos disfrutado, sentido y amado en la playa, sin miedo a nada, sin miedo a ser vistos, sin miedo a ser escuchados, solo pensar en eso, recordar su voz, sus gemidos, me excita demasiado, un baño en el mar, y muchas, muchas más risas después.

Sin duda, los mejores recuerdos, no son los que están estampados en una fotografía, en un video, los mejores recuerdos, los que voy a llevar siempre y los que día a día aparecen, los tengo guardados en mi memoria. Esos son para mi y nadie más...

Son recuerdos que comparten espacio con frases, gestos y actitudes, que me hacen replantearme muchas cosas, que hace que me haga más preguntas, que siga buscando un ¿por que?. Y, a su vez son los mismos que me hacen plantearme un ¿por que no?, porque no puede funcionar, porque no va a poder ser él el indicado, ¿y yo su indicada? Si me demuestra sus ganas, yo juro que voy de nuevo a por todas, nunca me he rendido, por él nunca y si tengo que arriesgar...arriesgo de nuevo.

Simplemente le amo y sé, que él a pesar de todos sus miedos, también me quiere.

Entonces,¿ por que vivir con miedo a lo que pueda pasar, impidiéndonos así disfrutar de los buenos momentos que nos ofrece la vida,? Esos momentos son efímeros, no vuelven a ocurrir, esas personas que aparecen en tu vida y que, rara vez, vas a volver a encontrar una igual o a la misma persona por segunda vez. ¿Por que no arriesgar y ser feliz?



domingo, 29 de octubre de 2023

Soy una extraña mezcla de sinceridad, timidez, locura,indecision y diversion. Lo que hago, lo hago de corazon, arriesgando cuando creo que vale la pena y no me arrepiento de nada de lo que hago, ni de lo que he hecho.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Aprendiendo a dejarte ir...

Te conocí un día como cualquier otro, comenzamos a hablar siempre, a todas horas. Cuando menos lo imaginé ya te pensaba a diario, solo esperaba que llegase la noche para entrar en esas conversaciones que solamente se dan en la madrugada. Cuando menos lo pensé ya estaba escribiendo tu nombre en todos los lados, ni siquiera lo vi venir, solo comencé a a sentir que el corazón se aceleraba más y más cada vez que estaba contigo o pensaba en ti, todo pasó tan rápido...en verdad no me lo esperaba y te juro que nunca imaginé el impacto tan grande que tendrías en mi vida. Por un momento pensé, me hiciste creer que era mutuo, que yo también te hacía sentir lo mismo.

Han sido meses muy intensos, con idas y venidas, mas bajos que altos. Días maravillosos con noches de locura, bailes, risas y sexo sin control, del que dejaba marcas en mi piel durante días. También han sido días de autentica incertidumbre, soledad, dolor y noches de insomnio y lagrimas, porque no hay peor sensación que sentirse sola estando acompañada.

He tenido que luchar contra mis miedos, volviendo a abrir esa coraza que me puse cuando me lastimaron, volviendo a confiar en alguien, dejándome llevar, volviendo a sentir, queriendo vivir de nuevo. Recuerdo esa frase que me dijiste una tarde " te brillan los ojos cada vez que me miras" estabas sonrojado y casi avergonzado, como si nunca nadie te hubiese mirado como yo te miraba. Si hubieras sabido leer mis ojos, si hubieras querido aprender de mis miradas...

He tenido que luchar contra tus miedos, apoyándote cuando te has derrumbado, cuando has estado enfermo, cuando me has necesitado. Acompañándote en silencio cuando lo único que necesitabas era saber que yo estaba al otro lado del teléfono, sin decir nada, escuchando tu respiración y tus lágrimas caer por tus mejillas.

He tenido, y sigo teniendo que luchar contra tus fantasmas del pasado, esos que te han hecho demasiado daño, y que siguen estando demasiado presentes en tu vida, en nuestra vida, lastimándote. Sigo luchando con tus fantasmas del presente, esos que tienen muchas curvas y nombre de mujer, esos a los que más veces de las que deberías prestas la atención que deberías prestarme a mi, esos que según tú "han hecho de ti el hombre que eres" perdóname mi niño, pero bajo mi punto de vista, no lo han hecho muy bien. Esos fantasmas que continuamente surgen, que yo no conozco, pero sé que están, porque te escriben, te llaman...y en el fondo creo que nunca, a pesar de todo, podrías cortar porque creo que eso es lo que, como hombre, te llena porque pareces coleccionar "trofeos" y eso es lo que hace que nunca puedas llegar a conocer a alguien de verdad, a poder vivir lo que es el amor bonito, eso que todos nos merecemos y yo te he ofrecido. Y la que siempre pierde...soy yo.

Siempre te he dicho que para poder vivir, para poder sentir, tienes que superar tus miedos, tienes que luchar contra ellos, como he hecho yo, se que no es fácil, pero si quieres...realmente puedes. Dices que lo haces lo mejor que puedes, que no sabes hacerlo mejor, pero lo que también creo, es que en el fondo no quieres aprender a hacerlo, porque lo que tienes es miedo a comprometerte, a comprometerte en la forma de ser leal, ser fiel, de tener y dedicar exclusividad a una persona.

Estas últimas semanas están siendo complicadas para mi, demasiado intensas, demasiadas dudas, demasiado dolor. Han sido semanas en las que te has ido distanciando, volviéndote frío como un iceberg, aunque tu dices que es contigo mismo, no es así, es conmigo y eso duele, no te haces la idea. Están siendo semanas de indiferencia, de pensar y hablar solamente de tu día a día, porque cuando hemos hablado del mío, no has tardado ni un segundo en volver a tu tema, a tus cosas...

Creo que no me lo merezco, he estado a tu lado incondicionalmente durante estos meses, creo que he aguantado demasiadas cosas, comentarios, actos, gestos, desplantes, cambios de planes en el ultimo momento, no has sido justo. Y, a pesar de eso, cuando me has llamado, he ido corriendo. Dices que soy importante para ti, en parte te creo, pero por otra, solo tengo dudas y más dudas, porque tus palabras no se corresponden con tus actos.

Solamente te pedí lo mismo que yo estaba dispuesta a darte y te he dado desde el primer día: respeto, confianza y nada de mentiras, yo he cumplido, tú...

De nuevo me pediste tiempo, tiempo para sanar, para saber el porque de muchas cosas que tienes que resolver para poder "ser libre", para saber el porque sigue torturándote todo ese daño del pasado, y una vez lo hayas resuelto, volver a contactarme, no soy, ya no soy una marioneta que manejas a tu antojo. Hablas de tiempo, como si se pudiese parar, como si el tiempo no corriese en nuestra contra o a nuestro favor, solo se que el tiempo que pasa es tiempo que no se recupera y, si volviéramos a vernos, seriamos los mismos pero diferentes personas.

Te recuerdo algo que me dijiste "la distancia hace el olvido" yo creo que poco a poco has ido poniendo esa distancia, esa tierra de por medio entre tu y yo para, que de alguna manera, sea yo la que tome la decisión de marcharme, de caminar hacia delante sin mirar atrás, y no ser tú el que de ese paso. Solo quiero que sepas que soy una persona de no retorno, si me voy, es con todas las consecuencias, no vuelvo.

A veces, aferrarse a algo porque lo deseamos con todas nuestras fuerzas, hace más daño que dejar ir, e irse de donde uno no quiere marcharse, es una de las decisiones más difíciles que podemos tomar. 

Por eso y con todo el dolor de mi alma, estoy aprendiendo a dejarte ir...