Todos tenemos un verano que nos cambia la vida, y yo, ya llevo unos cuantos.
Creo que este, sin duda ha sido el más especial, el que más me ha marcado, no se, quizás porque había demasiadas señales que me lo estaban advirtiendo durante días, incluso semanas, y que yo, de manera deliberada había pasado por alto.
Algo me decía, desde un principio, que iba a salir lastimada, a pesar de todo quise seguir adelante, sin importarme nada, ni mis miedos, ni mis dudas, la emoción, las ganas de verle, de estar con el, de disfrutar con su compañía, de su risa, de sus ojos y sus besos, aunque solamente fueran 48 horas, el resto fueron horas eternas de viajes y horas de tener que compartirlo, y odio compartir...
Los días anteriores, fueron una auténtica montaña rusa de emociones, miedos, dudas, muchas dudas, revisar billetes, horarios, pero algo me decía que, si me echaba atrás, iba a arrepentirme el resto de mi vida al mismo tiempo que algo mucho más fuerte me avisaba que no tenía que hacer ese viaje. La señal o lo que realmente me hizo pensar demasiado en si debía o no subirme a ese autobús y bajar a la tierra de mi persona favorita, a conocer parte de su vida, la parte más íntima de su vida, fue la confabulación y alineación de todos los planetas que por los pelos, casi me hacen perder ese autobús de las 09:00 destino Málaga.
Un viaje intenso, lleno de momentos que nunca jamás voy a poder olvidar. Un reencuentro diferente, pero no menos especial y no con menos ganas de besarle y abrazarle después de algunos días sin vernos, que parecieron semanas. Un reencuentro con ÉL con quien puedo ser yo, con quien se me iluminan los ojos cada vez que lo miro (aún recuerdo su frase "Se te iluminan los ojos cada vez que me miras") cada vez que hablo de él, con quien no puedo ocultar lo que siento ni lo que me hace sentir, con quien las horas pasan como si fuesen segundos y siempre quiero más, me quedo con ganas de más. Un reencuentro, en el que perfectamente y sino hubiesen estado esperándonos, en aquella calle cuando me cogió en brazos, le hubiese llevado a ese rincón que tenía "fichado" y le hubiese hecho el amor, de la manera en la que solo nosotros sabemos hacerlo, saciando mi sed, hablando nuestro idioma, quitándome las ganas acumuladas de tantos día sin poder disfrutar su cuerpo, oír sus gemidos, sentir sus ganas y después, leer sus marcas...
Un encuentro en el que mis alarmas saltaron, pero no quise hacer caso, no quise estropear lo que llevaba días esperando, imaginando, planeando, a pesar de ello, en ocasiones no me sentí cómoda, solo cuando nos escapábamos de vez en cuando, unos minutos y aprovechábamos para besarnos a escondidas.
Los dos días posteriores, a pesar de sentir algo raro, creo que han sido de las mejores 48 horas que he pasado en mi vida, exprimimos los segundos, los minutos, las horas al máximo.
Risas, confidencias, paseos con su pequeña guerrera, paseos los dos solos explicándome cosas de su infancia y de su juventud, abriéndose y dejándome conocer un poco más de él, de su vida, me faltó un lugar, una foto, solamente ahora, semanas después, entiendo el porque.
Bailes y más risas, paseos eternos después de habernos disfrutado, sentido y amado en la playa, sin miedo a nada, sin miedo a ser vistos, sin miedo a ser escuchados, solo pensar en eso, recordar su voz, sus gemidos, me excita demasiado, un baño en el mar, y muchas, muchas más risas después.
Sin duda, los mejores recuerdos, no son los que están estampados en una fotografía, en un video, los mejores recuerdos, los que voy a llevar siempre y los que día a día aparecen, los tengo guardados en mi memoria. Esos son para mi y nadie más...
Son recuerdos que comparten espacio con frases, gestos y actitudes, que me hacen replantearme muchas cosas, que hace que me haga más preguntas, que siga buscando un ¿por que?. Y, a su vez son los mismos que me hacen plantearme un ¿por que no?, porque no puede funcionar, porque no va a poder ser él el indicado, ¿y yo su indicada? Si me demuestra sus ganas, yo juro que voy de nuevo a por todas, nunca me he rendido, por él nunca y si tengo que arriesgar...arriesgo de nuevo.
Simplemente le amo y sé, que él a pesar de todos sus miedos, también me quiere.
Entonces,¿ por que vivir con miedo a lo que pueda pasar, impidiéndonos así disfrutar de los buenos momentos que nos ofrece la vida,? Esos momentos son efímeros, no vuelven a ocurrir, esas personas que aparecen en tu vida y que, rara vez, vas a volver a encontrar una igual o a la misma persona por segunda vez. ¿Por que no arriesgar y ser feliz?

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