Dicen que, una vez has superado los primeros catorce días desde la última vez que todo terminó, ya no duele, o por lo menos duele menos.
No creo que sea así, después de haber superado en mucho esos catorce días, y muchas, muchas horas, desde que te di el que sería nuestro último beso, nuestro último abrazo y te dije el último Te Quiero, no ha habido ni un solo día, minuto ni segundo que no hay dejado de pensar en ti, de recordar tu tacto, tu olor...sigue doliendo, duele mucho.
De haber sabido que ese beso, ese abrazo y ese Te Quiero iban a ser los últimos...mis labios hubiesen tardado más en separarse de los tuyos, mis brazos te habrían apretado más fuerte y el eco de mis palabras se habría instalado en el salón. De haber sabido que esa sería la ultima vez...
Y sabes que lo va a ser mucho antes de que suceda. Siempre hay un gesto, una palabra, una señal, que te pone en sobre aviso, pero que, consciente o inconscientemente ignoramos porque no podemos creer que vuelva a repetirse lo mismo. Estamos convencidos, o nos hemos auto convencido de que esta vez si que es "la buena" que va a funcionar, pero los fantasmas del pasado y el miedo siempre vuelven a aparecer y te abren los ojos de nuevo y te devuelven a la realidad.
Esa realidad te demuestra que no estás en el sitio correcto, ni rodeada de las personas adecuadas. Un sitio donde, de nuevo, empiezas a dejar de ser tú, donde empiezas a perder tu esencia y donde, por querer encajar, comienzas a cambiar a hacerte chiquitita y a aceptar cosas que no te hacen bien, por el simple hecho de no querer perderle.
Después de muchos días recordando las conversaciones, todos los momentos que pasasteis juntos para encontrar el momento exacto en el que "fallaste" o "dijiste algo que pudo molestar", muchas noches con los ojos empapados en lágrimas, largas noches sin dormir, te das cuenta que no hay nada malo en lo que hiciste o dijiste, simplemente fuiste TÚ.
Y llega una mañana en la que te levantas, te paras frente al espejo y dices: Se acabaron las lágrimas, se acabaron las noches sin dormir, se acabó el volverte pequeña ante cualquier persona, se acabó cambiar tu esencia para encajar, se acabó no volver a ser tú.
Y esa, esa es la última vez.
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